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Ratita

La primera vez que vi llorar a mi padre fue poco antes de que me operaran por tercera vez. Recuerdo como si fuera ayer que tenía la mirada perdida y la cabeza gacha, mientras caminaba hacia la iglesia, como reconociendo ser la hipocresía andante, ateo en busca de la misericordia de alguien en quién nunca había creído. En ese momento no me di cuenta, de que aunque pareciera estar andando a mi lado, ese hombre caminaba de rodillas en busca de la salvación de lo único que había querido, tanto, como para no dudar en quitarse la vida si pasara algo.

 Durante todo ese proceso de recuperación que tuvo la operación, los dos aprendimos algo. Él comprendió que su hija, iba a tener que caerse muchas veces antes de volver a andar, como si fuera una metáfora de mi propia vida. Yo por mi parte, aprendí a cómo levantarme sin echar a perder todo lo que antes había andado.

Y nos hicimos fuertes juntos, más fuerte de lo que un día me enseñó a ser, más fuerte aún de lo que fue cuando me vio sonreír por primera vez, y sintió que toda su vida cobraba sentido.

Monstruo sanguíneo

Cierro y abro los ojos intentando que la oscuridad desaparezca complemente. Las gruesas barras de metal marcan con brusquedad los límites de mi existencia. Jadeo desesperadamente deseando salir, pero nadie se acerca. Un grito gutural sale del fondo de mi garganta buscando un poco de misericordia entre tanto odio atravesado en las fauces de quien disfruta al verme sufrir. Golpeo sin fuerza aquella cárcel que se alza ante mí como todo aquello que me vio nacer, y me va matando lentamente. Grito tu nombre entre lágrimas anhelantes de un perdón ante el inminente castigo. Me miras, afilas las uñas, hueles el miedo, apagas la luz.

Paloma

De ningún modo lo que yo te diga:
dejar que el flácido rey te atraiga a su lecho,
te pellizque la cara, te llame paloma
y que, con un par de besos inmundos,
o sobándote el cuello con sus dedos malditos,
consiga que aclares el enigma:
que, en realidad, toda mi locura
es fingimiento. Estaría bien decírselo.

Hamlet.

 

Llegará ese día en el que nos crucemos por la calle, y al verme pasear por tu lado, bajarás la cabeza mirando el rumbo que llevan tus pasos. Te arrepentirás mil veces, en ese mismo instante, de haber abandonado tu vida por unirte a una persona que quería vivir la suya, sin ti. Apretarás los labios intentando soportar las ganas de gritarle al mundo que una vez estuviste con alguien que valía la pena, y que preferiste encerrarla en una jaula en vez de dejarla volar, por miedo a que al final fueras tú el que no volara. Te aguantarás las ganas, mientras me aleje, de decirme que sus besos no sabían igual a los que yo te dedicaba entre canción y canción, y que nunca te hizo inmortal convirtiéndote en poesía. Mis pasos se oirán como un eco de tu conciencia arañando las paredes de todo en lo que te convertirte estando con ella. Recordarás la forma en la que mis cicatrices te abrían el alma de orgullo, la forma en la que sonreía después de hacer el amor, mi pecho henchido cada vez que me decías que me amabas…cada puto instante en el que estuvimos juntos, y mientras tanto yo, seguiré caminando.

Pequeña calma en un mundo de tempestad

Ojalá pudiera apartarte de todo lo dañino que produce un mundo al que no le han enseñado a amar. Llevarte lejos de todas esas personas que hoy te miran sonriendo y mañana te harán llorar dándote la espalda. Ojalá pudieras conservar siempre esa inocencia que se clava en mi pecho cada vez que vienes a abrazarme, y que permanece dentro de mí mientras me miras con todo el mar inundando tu mirada. Ojalá nunca te tenga que sujetar sollozando repleto de miedos, ojalá nunca te dejes atrapar por una realidad cruda, malvada, y cada vez más hija de puta.

Mi Frida

Sé que es tarde, aunque sabes que es la hora perfecta para mí. Lo sabes. Lo sabes todo, absolutamente todo. Sabes cómo hacerme gritar de felicidad, o cómo hacer brotar carcajadas catárticas del fondo de mi garganta. Sabes cómo hacerme sentir querida y valorada, y que broten de mis mejillas esas rojeces tan adorables de las que tú tanto te quejas. Me sabes. De principio a fin, de pies a cabeza. Sobre todo de pies a cabeza. De pies. Mis pies. Esos por los que has sentido tanta impotencia y tanto respeto al mismo tiempo, esos que te hicieron vislumbrar mis pequeñas cicatrices, cuando aún no conocías todas esas historias que se escondían bajo la planta de mis pies, o en la palma de mis manos. Cicatrices de guerras pasadas, de batallas presentes, de duelos futuros. De pasados, que una vez superados, vuelven dispuestos a convertirse en un presente perpetuo. De tú a tú. De tú a mí. Tú y yo. Tú, que siempre vuelves a mí, conmigo porque no te da miedo luchar, porque ya has visto lo que pasa cuando me rompo, cuando escribo entre sollozos, cuando pregunto a la nada el porqué, y me ahogo en la ansiedad de no encontrar una respuesta, de no tenerla, de no querer buscarla. Y luego estás tú, de nuevo tú, siempre tú, que me encuentras, me amas, me proteges, me salvas… y me impulsas, de una vez y para siempre, a volar.
A ti hermana, por todo, por nada, por siempre. 

En realidad

Mi pequeño principito, tienes que entender que todos los días no son blancos o negros. Hay días grises. Días en los que a pesar de que nada vaya mal, tu cuerpo te pide que pares y observes lo que pasa a tu alrededor, aun sabiendo que esa realidad de la que te estás absteniendo únicamente va a servir para sacarte de ese País de las Maravillas en el que estás acostumbrado a vivir. Cuando paras y observas, te das cuenta de que sigue habiendo violencia de género, de que los tan mencionados armarios sólo son una prisión para aquellos que nacen condenados por saber y querer amar de una manera tan libre como el pensamiento les guía. A veces es bueno parar, a veces es bueno darte cuenta de que aunque lo sufras, por lo menos no alimentas al monstruo que un día nos dió la vida y que día a día, telediario tras telediario y matanza tras matanza, nos la quita.

Calentamiento hormonal

No voy a exculparme de ninguna de mis palabras o acciones, escudándome en el hecho de tener tan sólo la edad en la que comienza a ser legal comprar alcohol, porque si hay algo en lo que de verdad estoy de acuerdo conmigo misma, es en el hecho de que los años que voy cumpliendo sólo son una representación gráfica de que sigo viva. Estos dieciocho años de sonrisas retratadas en un marco de dolor, sólo me han servido para alcanzar la madurez mucho antes que la paz conmigo misma, y es que muchas veces es mejor aceptar que hay cosas que no van a cambiar, a morir en el intento de un imposible.

Yo soy ese imposible tan roto como fuerte, definición constante de un antónimo viviente. Inconformista por naturaleza en un mundo forofo de la producción en cadena. Feminista, sensible, y un poco hija de puta.

Voy perdiendo la cordura a medida que alguien muere, sin saber si sentirme mal por no mirar hacia otro lado, recordándome a mí misma que todos somos inocentes.

Me fustigan por hablar de sexo y son todos ellos los que más gimen. No se puede dar la cara censurando algunos temas, sobre todo cuando llevamos una libertad inventada como bandera que sólo sirve para generar un sentimiento de bienestar simulado, que se va cuando nos quitamos las máscaras y nos dejamos ver. Yo por mi parte seré lo que sea, pero si tengo que pedir perdón por algo que sea por follar más y mejor. 

Tengo muchos defectos, pero si de algo soy inocente es de no mentirme a mí misma. Quizá sea parte de un masoquismo de libro abrir mis cicatrices cada día, pero cuando todo el dolor se esfuma sólo quedan las ganas de echar a volar de una rutina cada vez más asfixiante, que sólo ralentiza su ritmo cuando yo comienzo a escribir, y es que a veces no nos damos cuenta de lo importante y sano que es dejarnos escuchar. 

He aprendido a amar lo que hago, y he dejado de quitarle importancia, al darme cuenta de que además de carecer de razón, presiono más fuerte en la herida que hay en mi pecho, que crece cuando me infravaloro una y otra vez.

Quiero pensar que estoy en el sendero adecuado, ese que un día me llevará a caminar sin cuestionar mis pasos, ese que un día me hará amar quién soy.

(O no)

Sandra Haya