El bar

Pides dos cañas, y me invitas a tu mundo con un chiste para romper el hielo, y una mirada que invita al calor a quedarse. Me quito la chaqueta y te quitas la coraza. De fondo, una voz angelical le canta a un amor tan fortuito con el nuestro. Todo el universo parece pararse cuando te acercas a mi oído y me deleitas diciendo que me has echado de menos. Acaricias mi rodilla. Pasó los labios por tu barba. Y me hueles. Y te beso. Y me muerdes. Y me muero. Y me quieres. Y te quiero.

Golondrinas

Floreces, como si la primavera se abriera paso ante mí cada mañana, y amaneces sonriendo entre mis piernas, renaciendo de las consecuencias de querer arder cada vez que llega la noche y apago la luz. Vuelo como ese pájaro que aun teniendo todo el cielo para surcar, prefiere dormir en el de tu boca, y es que nunca me he sentido tan libre como atada a ti.

Desde que llegaste soy una seguidora acérrima de todos los antónimos que me provoca quererte, y es que ya no existe palabra posible para describirte, hasta la poesía solloza desconsolada porque ahora los poetas lloran al escuchar tu nombre y ya no quieren recitar el suyo.

Respiras, poniéndole banda sonora a toda una vida, como queriendo englobar en un suspiro tus ansias de libertad y todo lo que ya has vivido. Sonríes atrapándome entre tus labios, acariciando cada centímetro de mi cuerpo, cuidándome, abrazándome fuerte, alejándome del miedo y haciéndome el amor.

Somos una película sin final en un cine de verano, una tarde en el sofá con mis pies en tu regazo, mi canción favorita en reproducción contínua, un beso cuando sobran las palabras, una canción de Frank Sinatra, un cuadro de Frida, un poema de Lorca, las golondrinas de Bécquer, una tarde de abril, un clímax con final feliz.

Somos la revolución de los que aún quieren vivir enamorados.

Somos nuestra propia revolución.

Tan nosotros que duele, y tan tú que enamora.

Tú, siempre tú. Y qué bonito.

Feliz San Valentín, cariño.

Anastasia

 

(PREMIO CALIDAD LITERARIA III CONCURSO DE RELATOS DE AMOR Y DE AMISTAD DEL IES JOSÉ DEL CAMPO)

 

De cuando en nuestra cama es fiesta

Caminas de un lado a otro de mi cabeza, como queriendo allanar el camino entre tantas ideas. Buscando una solución a todas nuestras incógnitas cuando ni siquiera eres capaz de encontrarte. Asustado por el simple hecho de no volver a susurrar un ‘nosotros’. 

Callas, otorgas, amas.

El destino nos mira de soslayo por encima de sus gafas de media luna; es tarde.

Tú le das la espalda y me observas.

Me desnudas, apagas la luz.

El tiempo se para, ya nada importa.

Tú, y sólo tú.

Tu sexo sentido

Escóndete, tarde o temprano se darán cuenta de que no hay droga más eficaz que la que sujetan tus labios cuando sonríes, y es que sabes apuntar y disparar con ese brillo en los ojos que funciona como pólvora cuando te miro. Aunque ya estás acostumbrado a que te miren, puesto que la envidia delata a todos aquellos que desean ver tu sexo sentido, como si no fueran suficientes los otros cinco. Pero te encanta. Te encanta ser ese arma de destrucción pasiva que atrapa, araña y desgarra sin ni siquiera quitarse la ropa. 

Edipo lloraría al verte desnudo. Ya no le valdría de nada mirar su reflejo, y no le culpo, no solemos ser testigos de tal arte en vivo, y es que algo tan bello nunca puede morir.

Sandra Haya

Mentiría si dijera que te voy a echar de menos

(Querido 2016: no te voy a echar de menos)

El otoño se consume en los últimos días de un año que ha dado tanto de cal, que la arena ha quedado prácticamente imperceptible ante los ojos de la buena suerte.

De diciembre a diciembre, han ocurrido muchas cosas. Me he enamorado tan fuerte que no valdría de nada negarlo. He sacado un clavo con otro clavo, y a este último lo he arrancado de lo más hondo de mi ser. He cometido errores con nombre de hombre, y he conocido a personas con olor a destino, a casa y a libro nuevo.

Me he masturbado, he pecado, he reído, he llorado y he escrito textos que lloraban cuando yo no siquiera podía respirar.

He odiado mi cuerpo, mi cara, mi pelo, y mi vida a cada paso que daba, y he amado mis cicatrices por primera vez en mucho tiempo.

He sufrido una metamorfosis que haría temblar al mismísimo Kafka, y desde entonces he defendido causas en las que creo con Frida dibujándome en el pecho.

Me he puesto en mi piel, cansada de vivir en la de otros y me he mirado al espejo sin miedo a la mirada crítica de quien mejor me conoce y quien más me odia a la vez.

Madrid me ha hecho llorar de felicidad, y he sentido que mi vida tenía sentido por primera vez desde que descubrí la escritura. 

Tengo dos tatuajes en el cuerpo que me recuerdan cada día que tengo que cuidar aquello que ha conseguido hacerme más fuerte según pasaba el tiempo. 

Mis dieciocho se vieron empañados por alguien que no vale la pena mencionar, y aprendí con eso que el amor se rompe cuando te das cuenta de que no vale la pena llorar por alguien que no lo haría por ti. De ahí también aprendí que nada dura para siempre, aunque lo quieras.

Esa fue la vez que más lloré. Me pasé los días buscando una solución para una ecuación a medias, a sabiendas de que las matemáticas nunca fueron lo mío,

pero también me hice más FUERTE,

y pasé página, cerré el libro y me olvidé de todo lo que un día había sido mi vida, para en vez de observarla, comenzar a vivirla, y después de tantos días de búsqueda, 

              ME ENCONTRÉ 

                            ME SALVÉ 

                                        Y ME HICE EL AMOR

y al final comprendí que todo era pasajero, y el 2016 también. 

Gol

Suena el despertador y tardo unos segundos en darme cuenta de que Alejandro se tiene que ir a trabajar. Levanto la cabeza y miro el reloj. Las seis de la mañana. Cuando me quiero dar cuenta él ya está en la ducha. Me quedo boca arriba en la cama. Miro atentamente como mi vientre sube y baja al tiempo que respiro lentamente. Me hace gracia. Río pero me tapo la boca para no hacer ruido, como si fuera otra vez la niña que le robaba los pintalabios a su madre, en un intento de hacerse mayor de golpe y porrazo. Cierro los ojos. La idea de tener una vida creciendo en mi vientre de pronto me abruma y no sé si podré hacerlo bien. Ni siquiera sé como decírselo a Alejandro, por el amor de Dios. Sería algo parecido a un ‘¿te acuerdas cuando vinimos de la cena de tus padres? Yo estaba muy cabreada, no entendía porque tu madre me había intentado poner en ridículo continuamente delante de sus amistades. Tú también estabas cabreado, me habías avisado de que cosas así pudieran pasar, pero yo quería ir a conocer a tus padres. Es normal que quisiera, llevamos dos años juntos y ni sabían mi nombre. Las venas de tu cuello se hinchaban por momentos y entramos en casa sin dirigirnos la palabra. Al final entendimos que lo mejor era hablar las cosas, y decidimos discutirlo en la encimera, y en la cama, y encima de la mesa de la sala. Fue una de las mejores noches de mi vida. Después de aquello pude sentir lo que siente cualquier corredor después de hacer una maratón, y mis agujetas estuvieron oliendo una semana a sexo. El caso es que entre tanta testosterona, tanta adrenalina y tanta mala hostia acumulada se nos olvidó ponernos protección. No es que me diera cuenta, puesto que cuando fui consciente de lo que estaba pasando, ya estaba a punto de calbargarte, queriendo demostrar mi madera de amazona, y tú tampoco pareciste darte cuenta, estabas demasiado ocupado desabrochándome el botón del pantalón y pagando todas tus frustraciones entre embestida y embestida. Supongo que lo podemos dejar en empate, puesto que los dos metimos un gol por toda la escuadra esa noche. Y quién diría que nunca te ha gustado el fútbol…’

(Buscando en el baúl de los recuerdos, relatos aparecen)

Te debo una explicación

Por si despiertas y crees que me he ido, por si buscas mi figura entre las sábanas y no me encuentras, por si crees que he huido dejándote solo, escucha. 

Nunca he sido una de esas chicas que te pueden sonreír desnudas sin sentirse la persona más horrible del planeta. Por eso de vez en cuando necesito respirar. Necesito poder salir y darme cuenta de que todo es tan bonito como parece, de que cuando vuelva a casa te voy encontrar en la cama, y de que por fin, soy feliz.

Lo que no ves

Lo que no sabes, cariño, es que parte de lo nuestro se va con cada línea que escribo. Que gimo buscando un atisbo de paciencia que me haga superar tus desprecios.

Que soy débil,

            que me rompo,

                          que no quiero sufrir.

Pero me callo, respiro e intento que no se me note que hoy ha sido un día más, en una realidad de mierda.