El amor de tus ruinas

Si algún día te vas, no hagas ruido. No necesitarás marcar tus pasos para salir, porque ya se clavaron en mí el día que entraste. Si algún día te vas, perdóname. Perdóname por no saber hacer que te quedaras, a pesar de que lo intentase, de que fracasase y te dejase ir al fin, porque tú decidiste cuándo quedarte, y tuya era la decisión de cuando partir.

Si algún día te vas, intentaré olvidarte. Cerraré los ojos cuando llegue el invierno y los primeros días de diciembre no me lleven, por primera vez, a tu piel. Pensaré en ti hasta que un día, cuando el tiempo haya borrado de nosotros lo suficiente, pueda empezar a confundir tu olor entre el resto de la gente, y las calles que un día nos recibieron, sólo nos digan adiós.

Si algún día te vas, no mires atrás cuando cierres la puerta. Quédate con todos esos momentos que nos hicieron vivir, antes de que el amor muriera. Quédate con las sonrisas, y el viento, con las miles de mariposas que comenzaron este cuento y con las mismas que nos acompañaron hasta su fin.

Si algún día te vas, gracias. Porque pudo haber sido infinito sin ti, pero volvería a hacerlo mil veces efímero contigo.

Y eso, es lo único, que puedo decir.

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Deseo

Escribo por el nudo en garganta. Por los doce meses. Por todas las tardes de hotel. Escribo por la poesía, por los recuerdos que tiñen mis ojos cuando hablo de ti, y por todo lo que he callado cada vez que he estado contigo.

Escribo porque ahora entiendo que el hilo rojo del destino fue solo un cuento, que la verdadera fábula comenzó cuando entendí que mariposas no era solo un nombre para describir algo inefable, si no un aviso para todo lo que quedaba por vivir.

Mariposas porque siempre fuimos libres, porque el estómago fue la cárcel de la que las liberamos cuando nos dimos cuenta que nuestra historia no era una más, si no que era la que marcaría un antes y un después en el resto de las historias.

Mariposas porque las alas nos salieron cuando nos miramos a los ojos. Porque el amor fue el responsable de evolucionar todos los besos, y nuestra única excusa para romper contra todo, fue querernos conservar siempre a nosotros mismos.

Mariposas fue la casualidad, el beso, las sonrisas, el tiempo, tu casa, la mía, la promesa callada que ninguno de los dos jamás quiso describir. Mariposas fue la historia, el sueño, las ganas, el viento, mi vida, tu pecho y cualquiera de las mañanas frías que me sirvieron de excusa para no querer salir.

Escribo porque cuando lo hago, puedo sentir que lo único que ha pasado es el tiempo, y que nosotros siempre seremos aquellos niños que se enamoraron, sin siquiera, saber lo que era amar. Te escribo porque cuando lo hago te siento más cerca, porque con cada línea siento tu abrazo, y porque la única promesa que siempre querré será la de escribirte hasta que la vida te haga sueño, lo suficientemente grande, para poderte cumplir.

Una y otra vez.

Hasta hacerte eterno de nuevo.

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Sincericidio

Te debo mis alas;

nos vemos en el vuelo.

 

Nunca supe quererme al menos el tiempo suficiente como para creer que era más que todo aquello que escribía, pero supe caminar en la dirección correcta para guiar mis pasos hacia donde estabas tú.

Intenté explicarme mil veces en silencio, en qué consistía la suerte de haberte encontrado, y no supe hallar otra respuesta que no fuera la del total desconcierto que otorgaba la sensación de haber ganado, sin haber tenido la obligación de luchar en una batalla inexistente propiciada por un final esperado por ambas partes.

Nos dimos tanta prisa en enamorarnos, que cuando me quise dar cuenta, ya habías deslizado las manos hacia mi cintura queriendo dibujar en ella, la certeza de no querer perderme jamás.

Fui el lienzo en blanco enamorada del arte suicida de quien sabía contar más historias callado, que hablando sin querer decir prácticamente nada. Y es que tú siempre fuiste de esos que portaban en sus párpados las cicatrices de toda una vida, intentando aparentar que la herida cerraba a la vez que lo hacía el daño. Aunque ambos supiéramos que no era así, que todavía en tus costillas resonaban los disparos huecos de aquellas balas que se quedaron encerradas en tu pecho, buscando un sólo momento, para volver a respirar.

Nos enamoramos, mientras yo intentaba buscar maneras de describirte para hacerte eterno y no convertirte en ese tópico inefable, que cayera en la rutina de no encontrar las palabras necesarias entre tanta poesía mal expresada, en líneas que derrochaban tinta sin sentimiento alguno.

Nos enamoramos, y entonces, tú comenzaste a dibujar nuestra historia trazo a trazo, como queriendo cimentar en aquellas líneas, un futuro que ya era capaz de contarse por sí solo, como si de un libro abierto se tratara.

Un futuro para el cual, ya no había marcha atrás.

Nunca.

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Quid pro quo

Daría mi vida por la tuya. Por pasar cada instante a tu lado. Por verte reír y ser la causa. Por contemplar como triunfas tantas veces, que el orgullo me salga por la boca cuando voy de tu mano.
Quiero pasar toda la vida contigo, y oírte reír en mi oído. Y gemirnos. Y cantarnos canciones hasta cambiar tanto la letra, que lo único que tenga sentido ahí sea el que nosotros queramos ponerle.
Quiero que tengamos esa confianza que me haga escuchar tus alas al vuelo, a sabiendas de que al final, volverás a casa cuando llegue la noche.
Quiero que seas casa.
Que seas toda la vida.
Que seamos esa clásica historia de aquellos dos que se enamoraron cuando todavía no sabían lo que era el amor, pero que nunca necesitaron una explicación más allá de la que ellos mismos habían decidido darle.
Quiero verte crecer y admirar tus pasos. Y mirar lo alto que has llegado, siempre desde tu altura.
Quiero que derribemos muros, que cambiemos el mundo, que gritemos alto, que riamos fuerte, que seamos uno. Y que nunca necesitemos a nadie más, porque no haya nada más que nosotros mismos.
Daría mi vida por la tuya, porque al final eres tú el que me ha enseñado a vivir y eso mi amor, no tiene precio, por mucho que quiera.

Pronóstico de lluvia

Cuan equivocada estaba en el destino de mis palabras, días antes de saber que una vez llegada a tu puerto, no iba a haber marea posible que me hiciera desembocar en desierto para quitarme al menos, una quinta parte de sed de ti. Fuiste el mayor descubrimiento posible para un barco dado a la deriva, al que le encantaba naufragar en aguas poco profundas, sin necesidad de darse cuenta de que el mar abierto se abría a escasos pasos y al lado de este, la libertad. No he podido aún encontrar las palabras exactas, fuera de toda esta palabrería barata de poeta ahogada en la necesidad constante de saber amar, y poder describirlo, que me hagan estar satisfecha sabiendo que este texto lleva tu nombre, y que no haya forma humana o posible, de hacerlo mejor. Ahora te escribo a ti, serendipia con cara de toda la vida, con cara de no te vayas nunca, de no te quiero perder, de no quiero que esto acabe, de no quiero nada que no tenga que ver contigo, de que te quiero, aquí, conmigo, como si fueras ese abril del que siempre hablo idealizando todo aquello que empezó floreciendo y acabó en otoño, siendo yo, la única hoja en pie.f2a682ffdc5deb48f1694583f9ed6ddb