En nombre de la sangre

Me duele carecer de la fuerza moral que me obligue a sobreponerme a todos los pretextos que intentan mitigar el alcance de tus mentiras. Me duele tener que explicar las razones por las que no vuelvo, como si nadie hubiese sido testigo de ello, como si el tiempo pudiera curar también la maldad. Me duele la impunidad que se te ha concedido, otorgándote el privilegio de seguir ajena al sufrimiento que dejaste tras de ti. Me duele sentir que mi dolor no fue vengado y que todas las promesas que un día impulsaron mi esperanza, fueron excusas baratas para no entrometerse en una historia que no tenía fin.

Nadie vino a salvarme. El relato de la liberación tardía quedó rápidamente anticuado. Las máscaras cayeron y se acabó el relato. 

Igual fue culpa mía no ser igual que tú.