Soy las decisiones que no debí tomar,
y los caminos que surqué careciendo de salida.
Soy la cuestión infinita de qué hubiese pasado si…
y la respuesta inmediata de un adiós colándose en escena.
Soy aquello que jamás perdonaré,
y todo el restante que me hizo agachar la cabeza.
Soy la repetición,
la reiteración esclava de una voluntad jadeante,
la misma queja mil veces escrita,
el mismo polvo de desesperación.
Soy la joven promesa que murió aplastada por la carga de un futuro incierto,
por la sensación palpitante de que jamás sería suficiente
y la certeza atropellada de que, al final, nunca lo fue.
