La niña bonita

Si alguna vez me muero, por favor, que sea a tus pies. Que lo último que habite mi atormentada existencia, sea tu baile indomable de sal y arena. Llévame contigo cuando el suspiro final sea el germen de la venganza, y de ella renazca un ejército dispuesto a morir en tu honor. Vísteme de virgen, peina mi pelo, y yo haré de tu brisa un credo que sacuda los cimientos de todos los demás. Dejaré mi sino en tu regazo, y me mostraré dócil y complaciente, esperando a que uno de tus faros ilumine, revelador, cuál será mi final.

Y aunque no muera, aunque mi pecho siga sacudiéndose hambriento de subsistir, me postraré ante ti. Mis rodillas caerán sobre el sablón suplicando clemencia, y dejaré que me acunes, aunque todavía no te pertenezca. Te imploraré que me cuentes el secreto que te ha hecho invencible, y ante tu silencio, cubriré mis pies con tu manto. Volveré a ponerme en pie y de espaldas a ti, empezaré a andar, sabiendo que tu canto me atraerá, repleto de mil ondinas reclamando a su hermana de vuelta a su hogar.