Manual de una penitencia

Escóndeme de este cuerpo manido y frío,

protegiéndome de la fragilidad con que fue concebido,

apartándome de esas miradas que pretenden saber

quién soy.

Sálvame de aquella juventud animal,

que me convirtió en víctima antes de ser nacida,

criada por los mismos verdugos

autores de ese error crucial.

Quítame la venda,

porque ya no tengo miedo de ver mi reflejo cruzando la puerta,

aunque con la dolorosa certeza de una realidad encubierta;

ella jamás será yo.