Antónimos sinónimos

Puedo ir adelantando, que el hecho de ser una soñadora en un mundo en el que la realidad te golpea con la misma brutalidad que el adiós, es andar con pies de plomo, sobre unas nubes que se desintegran a cada paso. Nacemos para morir sepultados sobre una vida que no elegimos, sobre un futuro prometedor que jura más de lo que nunca podrá otorgar, sobre las exigencias de un país que hace muchos años dejó de cumplir las nuestras.

Pasamos toda la vida intentando no hacer ruido, por miedo a que la sociedad mire de soslayo cómo alguien intenta cambiar ese eslabón, del que todos los demás se quejan. Aprendemos a memorizar conceptos, a encajar, a sacar brillo a las placas que conseguiremos absorbiendo unos conocimientos que poco después, terminaremos vomitando cuando ya no hagan falta, cuando ya no haya un examen que determine quiénes somos o qué tenemos que ser.

Ya no se habla de pasiones, ya no se queda en los bares, ya no se grita por una libertad utópica que causa estragos en las mentes que aún la recuerdan, negándose a olvidar, lo que lucharon por creer.

Puedo ir adelantando, que muchas veces me he tragado mis palabras por miedo a hacer daño a personas que, mucho antes de aquello me habían declarado territorio de conquista, clavando puñales antes de que nada en mí, pudiera florecer. He cubierto charcos, he parado balas, he sido escudo, casa y protección pidiendo únicamente un abrazo a cambio, que no llegó incluso cuando la primavera empezaba a germinar, dejándome llagas de pasado.

Dejé pasar al verdugo, quizá fue por eso por lo que nunca llegué a sentirme víctima.
Me hice a un lado antes de que nadie me lo pidiera,
y con la respiración elegante de una mecedora
fui dándome cuenta de que
la muerte me nacía por dentro,
y apagándose en silencio,
moría la vida.

Quid pro quo

Daría mi vida por la tuya. Por pasar cada instante a tu lado. Por verte reír y ser la causa. Por contemplar como triunfas tantas veces, que el orgullo me salga por la boca cuando voy de tu mano.
Quiero pasar toda la vida contigo, y oírte reír en mi oído. Y gemirnos. Y cantarnos canciones hasta cambiar tanto la letra, que lo único que tenga sentido ahí sea el que nosotros queramos ponerle.
Quiero que tengamos esa confianza que me haga escuchar tus alas al vuelo, a sabiendas de que al final, volverás a casa cuando llegue la noche.
Quiero que seas casa.
Que seas toda la vida.
Que seamos esa clásica historia de aquellos dos que se enamoraron cuando todavía no sabían lo que era el amor, pero que nunca necesitaron una explicación más allá de la que ellos mismos habían decidido darle.
Quiero verte crecer y admirar tus pasos. Y mirar lo alto que has llegado, siempre desde tu altura.
Quiero que derribemos muros, que cambiemos el mundo, que gritemos alto, que riamos fuerte, que seamos uno. Y que nunca necesitemos a nadie más, porque no haya nada más que nosotros mismos.
Daría mi vida por la tuya, porque al final eres tú el que me ha enseñado a vivir y eso mi amor, no tiene precio, por mucho que quiera.