Perenne primavera

A ti, T.

Por regalarme historias por las que vale la pena escribir.

Me preguntas qué es el amor y te quedas callada, como intentando ralentizar el momento en el que, por fin, te pueda dar una respuesta. Cierras los ojos y respiras hondo. Tu pecho sube y baja lentamente, a pesar de que la adrenalina sea la indiscutible protagonista de ese pequeño festín entre tus huesos.

Me preguntas qué es el amor y te quedas callada, como si el amor no se formara con cada palabra tuya, como si necesitaras respuesta alguna, más que aquella que crece en ti. Cierras los ojos y respiras hondo, atrapándome entre tus pestañas, esas que aleteas como las alas veloces de una mariposa, ágiles y fugaces al vuelo de un alma predestinada a pertenecerse únicamente a sí misma de forma perenne.

Me preguntas qué es el amor y te quedas callada, como si yo tuviera forma alguna de describirte, como si no hubiera intentado mil veces sacar este sentimiento que alberga mi pecho y que lleva tu nombre desde el día en el que te conocí, como si no hubiera muerto en el imposible de intentar igualar con palabras la belleza que alberga tu alma cuando te miro a los ojos, y de pronto, tal como de la nada, consigo hacerte el amor.

Cierras los ojos, respiras hondo, y entonces, te beso.

4 comentarios en “Perenne primavera

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