Inefable amor

Estaba escrito. Tenía que encontrarte. Tenía que ponerle cara a todo aquel sentimiento que llevaba esperando albergar en mi pecho, desde hace algo menos de un año. Tenía que encontrate, para saber lo que se podía llegar a sentir si te miraba a los ojos y te escuchaba reír por primera vez, como tantas veces soñé que harías conmigo. Tenía que encontrate. Tenía que quitarme la espina que permanecía clavada en mi interior, cada vez que me paraba a pensar que posiblemente nunca viviera, una de esas historias de amor por las que otros eran capaces de morir. Tenía que encontrarte, porque si bien el amor es algo inefable, tú eres la poesía viviente más cercana a poner describirlo. Tenía que encontrarte, para convencerme de una vez por todas de que, no es que no hubiera nadie para mí, si no que todavía no lo había encontrado. Que no te había encontrado. A ti. Conmigo. A un nosotros que creció en mi vientre la primera vez que te vi, metamorfósis de una nueva primavera, de la más bella de todas, la nuestra. Tú. A tí, que te encontré a pesar de saber que quizá tú nunca querrías buscarme.

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