Bala metáfora

Hoy siento como si la vida me desgarrara entre sus dientes con una sonrisa socarrona. El dolor hambriento que recorre mi cuerpo se clava en el pecho haciéndolo sangrar; ya no hay sístole ni diástole que salven tanto desastre. Gimo como si, más que un saludo de guerra, fuera un grito de ayuda, de alerta, como una señal en rojo sangre que carece de ella. La poesía me mira desde una esquina de la habitación, con el baile elegante de una mecedora, permaneciendo ausente, fiel espectadora de un autoretratro destructivo, intrusivo y definitivo. Como si eso no fuera suficiente poesía, comenta, como si no estuviera lo suficientemente destruida ya.

Y sonrío.

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