Paloma

De ningún modo lo que yo te diga:
dejar que el flácido rey te atraiga a su lecho,
te pellizque la cara, te llame paloma
y que, con un par de besos inmundos,
o sobándote el cuello con sus dedos malditos,
consiga que aclares el enigma:
que, en realidad, toda mi locura
es fingimiento. Estaría bien decírselo.

Hamlet.

 

Llegará ese día en el que nos crucemos por la calle, y al verme pasear por tu lado, bajarás la cabeza mirando el rumbo que llevan tus pasos. Te arrepentirás mil veces, en ese mismo instante, de haber abandonado tu vida por unirte a una persona que quería vivir la suya, sin ti. Apretarás los labios intentando soportar las ganas de gritarle al mundo que una vez estuviste con alguien que valía la pena, y que preferiste encerrarla en una jaula en vez de dejarla volar, por miedo a que al final fueras tú el que no volara. Te aguantarás las ganas, mientras me aleje, de decirme que sus besos no sabían igual a los que yo te dedicaba entre canción y canción, y que nunca te hizo inmortal convirtiéndote en poesía. Mis pasos se oirán como un eco de tu conciencia arañando las paredes de todo en lo que te convertirte estando con ella. Recordarás la forma en la que mis cicatrices te abrían el alma de orgullo, la forma en la que sonreía después de hacer el amor, mi pecho henchido cada vez que me decías que me amabas…cada puto instante en el que estuvimos juntos, y mientras tanto yo, seguiré caminando.

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