No hay perdices

Supongo que se acabó esta historia que fue tan pasional como efímera. Un cuento de hadas en plena era moderna. Un cuento en el que el príncipe carecía de valor para expresarse, y la princesa de sentido común. Doy punto y final a ese cuento con dos palabras, una frase que se clavó en lo más hondo de mi ser, viniendo de esa persona correcta que me hizo sentir tantas y tantas cosas, y me dejó en el momento incorrecto. Le sigo queriendo, tan fuerte que duele pensar que le tengo a un par de pasos y el hecho de abrazarle es tan lejano…que duele, desgarra, araña, atrapa y mata.

Y grito en silencio. Como siempre. Esperando a que me escuche, a que venga, pero no se oye nada. Y él no viene.

VACÍO. 

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