Arce es nombre de árbol, y Haya también.

Posiblemente sea porque ha sido mi único apoyo, la única que sabe todas y cada una de mis faltas, mis secretos y mis miedos. Quizá fue cuestión de azar, de suerte, del simple destino que hace con nosotros lo que se le antoja sin ni siquiera preguntar primero. Ese hilo rojo que nos mantiene unidos a esa persona que significará algo en tu vida y dejará huella en ella.
A veces me pregunto que hubiera pasado si ella no hubiera entrado en mi vida, si esa conversación que propició un acercamiento nunca hubiera existido, si ese momento de dejar los reproches y las mentiras a un lado nunca hubiera llegado. Siempre quise una amiga así, que estuviera ahí en las buenas en las malas, encerrada conmigo en la oscuridad y llevándome de nuevo hacia la luz. Como si fuera mi cuidadora, esa que día a día me ayuda a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal y me advierte de los simples peligros de la vida. Como una amiga, como una hermana, como mi apoyo incondicional, como esa persona que pase lo que pase, aunque sean los años, siempre estará ahí.

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Sandra Haya

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