Campeón.

Corre. Corre más, joder. ¿Qué importa qué la hayas roto el corazón, qué la hayas partido en dos? Tú sólo corre. Corre aún sabiendo que la acabas de joder la vida y que posiblemente no vuelvas a tener una puta historia de amor como la que tuviste con ella. Corre. Sí. Corre aunque tú también te estés muriendo por dar media vuelta y borrar las lágrimas, que caen por sus mejillas, a besos. Corre intentando ocultar al resto del mundo el motivo por el que huyes. Para que la gente no se dé cuenta de que lo que empezó como una chorrada a acabado siendo un mundo. Para que no se den cuenta de que estás cagado de miedo porque la amas, y eso no te gusta. Porque no te gusta actuar por impulsos y no poder controlar tus acciones ni tus reacciones cuando estás con ella. Así que corre. Corre hasta que te falle la respiración y te tengas que doblar sobre tus rodillas. Corre hasta que te des cuenta de la gilipollez que estás cometiendo y vuelvas a por ella. Corre. Pero cuidado, porque puede ser que cuando dejes de correr ya sea demasiado tarde, campeón.
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Sandra Haya

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